martes, 21 de agosto de 2012

Me siento como un manojo de uvas, cada chinche es una duda, una inseguridad. Cada día se cae una, y es un nosé tras otro, pero no me da miedo que el racimo quede como una rama seca.
Porque creo tener la capacidad de transformar eso en algo que plantar.
De esa tierra fértil, humedecida por tantos días de lluvia va a crecer algo nuevo, todavía nosé que va a ser, pero algo nuevo seguro.
Si son uvas, seguramente serán diferentes, y algo habré aprendido, y si es otra planta bienvenida sea, algo nuevo por descubrir y descubrirme, algo que explorar.

lunes, 21 de mayo de 2012

La Ola

Ellos,
compañeros de ruta,
caminantes de embriagadores caminos.
Sujetos al desafío
y predispuestos a ganar batallas.
Ellos,
que nacen para morir
y viven para soñar.
Ellos,
que comparten un mismo techo,
donde crucifican el tiempo
y a las agujas las usan para decorar.
Ellos,
exploradores de mundos
donde el color se hace presente en los tímidos grises.
Ellos,
con su calabaza hecha un carruaje
y sus ratas hechos jinetes.
Ellos,
hermanos del vacío,
hermanos del amor.

Estridente

Serviste la tercer copa de vino,
patero por cierto, hábil del buen gusto.
Hace unas horas, por la madrugada
consumido por el insomnio
agasajado por la música.
Naufrago de mares del inconciente
remador de grandes botes
por allí con una linterna en la mano
pusiste un pie en la tierra.
¡Y te hundiste! volaste, nadaste
y volaste otra vez.
Spinetta estaba por su vigésima nota
mas radiante que nunca.
Vení, tomá.
Una pequeña cadena de hombrecitos grises
y unas cuantas rondas de niños grises
se esfuman hasta llegar al blanco.
Encontremonos en un partido de truco
pero sin ganadores ni perdedores
juguemos, juguemos.
Juga vos en mi, yo en vos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Después de una larga charla, llegaste a la borra del café
jugás y jugás, la cuchara con mango de metal ya está tibia
y no pararás hasta sentirla congelada.
Ahora comenzaré por el antepenúltimo capítulo,
capítulo 7 dijiste.
La letra cursiva no fue nada fácil de escribir, pero si la imprenta,
capitulamos cada uno con sinceras y cortas palabras.
No barras cada rincón de la casa,
me gusta como queda la escoba de paja en el rincón,
no volvamos al capítulo 3.
Hermosas mejillas mías,
hermosos tus ojos, ternura.
¡Detente, detente!
La aguja del reloj dió las 5, el bendito reloj cucú que compramos en la feria lo anunció,
karma capítulo 8, no te alejes, no te alejes.
Sal, la mar, caracolas, paseo en bote.
Chinitos escalando, un buen mate azucarado para alimentar las ansias,
toma mi mano, sigue escalando.
Tormenta, fuego y grandes mareas altas.
Ruedan tus pequeñas gotas saladas, que son parte mia también,
dejame sentir el sabor, dejame acariciarlas,
capítulo 10.
¡No te alcanzo, no te alcanzo!

No te alcancé, pies descalzos, alma desnuda.

miércoles, 17 de agosto de 2011

A él

Sonreís y me das ese lúgubre sentimiento
de que todo está bien.

Preparás el desayuno para uno,
preferís sentarte a mirar.

Y cuando siento que no puedo flotar más,
me alzas para que siga creyendo que puedo volar aún mas alto...



domingo, 14 de agosto de 2011

Abro el cajón, y te veo allí,
tan lúcido, tan radiante,
y esa sonrisa...

pero claro, sos una parte mas
del polvo que ha de cosechar.








Volvé.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Si caminar te asfixia, ¿el deber es quebrar sobre nuestros propios pies o atenuar el paso?

jueves, 30 de junio de 2011

El rostro cubierto de quebrajantes,
las palabras no dudan,
pero tiemblan al hablar.
Las manos tibias por el abrigo de una taza de café,
un diario al que arrollar
y un fuego por agolpar.
Apenas asoman las escamas
de un frio invierno.

sábado, 23 de abril de 2011

La ciudad del nunca más.

Bullington era la calle si mal no recuerdo, si, la bendita calle Bullington donde envié mis últimas tres cartas. Durante varios meses espere un par de lineas que tocaran mi puerta, un mensaje efímero como cual viento rosa los poros, que dijera "algo" pero ese algo tenía que ser claro, preciso, sin vuelteretas, una dirección oculta, un encuentro, un cariño, un beso...un be.
¡Un beso! eso mismo dijiste, un beso que toque tu puerta, pero como no recordarlo antes "no voy a responder ninguna carta, ni postales ni nada por el estilo, hace tu vida sin recordar mi calle" esas fueron tus últimas palabras, exactamente ahi se esconde el mensaje oculto.
Analizandolo, no muy profundamente, está totalmente claro, querés que me tome el 168 que me deja en la esquina de tu casa, que camine ansioso las proximas pisoteadas en esas veredas cuartiadas...y esa alfombra de felpa horrorosa de tu puerta y que me reciba ni nada mas ni nada menos que tu canino querido, el adorable Toby.
Ahora recordé otra cosa, detestaba ir a tu casa, por eso las cartas por eso las visitas tipo medicas.
El mensaje, si, a eso iba, me pedís que vaya y haga ese sacrilegio para solamente robarte un beso e irme, ya mismo voy en camino, voy a buscar mis auriculares y bueno, luego cuento que tal fue a este don nadie que estará leyendo.

Toqué tu puerta, saliste y me miraste fijo con una mirada extraña, te mire te mire y te mire, te acaricie sin usar mis manos, te bese el cuello, te mordí la nariz y cuando llegué a tu boca ambos frenamos y nos distanciamos unos centimetros. Volví a casa.
"Ya no más" que habremos querido decir, es algo bastante inconcluso, "ya no más"...
Caminé hacia una caja donde todo lo guardaba, desde el pelo que se caia cuando se peinaba, hasta la lapicera que usualmente usaba para escribir sus libros.
Revisé sus fotos, sus escritos, sus regalos y exactamente encontré, la nada misma, el ya no mas, la repentina distancia.

sábado, 12 de marzo de 2011


Now they're gonna go say the words in the wrong order again.

Elliot Smith por Liniers.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Los justicieros

Hace muchos años se fundó en Buenos Aires, no sin formalidades de estatuto y juramento, la Sociedad de los Reventadores, una patota de espectadores teatrales cuya finalidad era hostilizar al género chico español.
Los principios en nombre de los cuales procedían eran ciertamente dos: el primero, un disgusto artístico ante las obras precitadas; el segundo, un resentimiento de criollo desplazado.
Los Reventadores asistían a las salas teatrales a veces hasta en número de cien. Pagaban la entrada para que los eventuales gestos de rechazo formaran parte de la protesta permitida al espectador defraudado. Debe señalarse que la indignación no surgía de las torpezas artísticas que iban observando, sino que éstas eran la señal para hacer estallar unos enconos que ya traían de su casa. Los procedimientos eran los usuales para arruinar una función: silbidos, abucheos, frases de reprobación, rimas con la última palabra de cada parlamento y, en los casos más graves, estallido de petardos, invasión del escenario, desalojo de los actores y destrucción de las instalaciones.
Con los años, la Sociedad fue decayendo o, acaso, el género chico español fue mejorando. Y en 1910 eran un recuerdo.
Pero mucho después iba a surgir otra cofradía más rigurosa que la anterior y más secreta: hablo de Los Justicieros de las Tablas.
Se ha dicho repetidamente que este grupo fue una de las tantas consecuencias de una patología clásica de los espectadores teatrales: la confusión entre lo ficticio y lo real. Sin embargo, ha venido a saberse que el jefe secreto de aquellos conjurados era nada menos que Enrique Argenti, el enloquecido director de Barracas.
Los Justicieros se precipitaban al escenario cada vez que se producía un acto de maldad o de bajeza. Por regla general, trataban de impedir los crímenes y las traiciones. Muchas veces revelaban al personaje cuya muerte se tramaba lo que habían planeado los conspiradores en la escena anterior.
Cuando no podían impedir los actos viles, se conformaban con castigar a los responsables. Pero hay un detalle singularísimo: durante sus invasiones ejercían una impecable conducta teatral. Es decir, se conducían como actores, con impostaciones y movimientos de notable academicismo.
Para evitar ser reconocidos iban enmascarados o disfrazados. Algunos historiadores, desconociendo la participación de Enrique Argenti tenían, sin embargo, la vaga intuición de que la Hermandad estaba integrada por actores enfurecidos por la falta de reconocimiento. Otros han hablado de empresarios inescrupulosos que enviaban Justicieros para hacer fracasar las obras de la competencia.
Actores o no, la violencia era casi inevitable. Los fratricidas eran especialmente castigados. Críticos memoriosos han conservado este fragmento de Hamlet. El rey Claudio, asesino de su hermano, está planeando la muerte de su sobrino:

CLAUDIO: Dale, Inglaterra, a Hamlet pronta muerte.
Mientras no sepa que está dado el golpe,
por bien que me tratare la fortuna,
no hallaré paz ni dicha en parte alguna.

ENRIQUE ARGENTI: ¡Qué dicha ni qué paz, juna gran siete!
Ahora Hamlet rumbo a su fin se embarca;
detén a tus sicarios, vamos, vete
o a la primera patada en el juanete
vas a volar por toda Dinamarca.

A Otelo llegaron a conversarlo durante media hora para hacerle entender que Desdémona no lo engañaba. A Segismundo lo durmieron de una pina. Para aplacar a Antígona, Argenti representó el papel del finado Polinices regresando de la muerte. Por temor a estas invasiones muchos directores modificaban los diálogos y aun los argumentos, para evitar cualquier infracción a la más estricta moral.
Pero con el tiempo, los principios éticos del grupo se fueron resquebrajando. Se dice que, algunas veces, los Justicieros invadían el escenario sólo para sacar ventajas personales. En 1951, Enrique Argenti se coló en la cama de Julieta. En ese mismo año, atropellaron a las bailarinas de la revista. Estos churros son porteños. También se robaron unos jarrones egipcios de la escenografía de Antonio y Cleopatra.
En el momento de su apogeo, el público festejaba las apariciones de los Justicieros con impresionantes ovaciones. Pero este éxito generó una verdadera calamidad artística: ciertos empresarios voraces prepararon falsos justicieros que, siguiendo un libreto, interrumpían las escenas. Estas intervenciones eran anunciadas en el programa para atraer a los espectadores. A partir de entonces, resultó difícil distinguir entre los Justicieros originales y sus mezquinos imitadores.
Allá por 1955, apareció un segundo grupo con fines opuestos. Se llamaron a sí mismos Los Guardaespaldas del Autor. Asistían a los teatros para garantizar el cumplimiento del plan original de cada obra y sólo se movilizaban ante la eventual aparición de los hombres de Argenti. En tales casos, subían también ellos al escenario y empezaban las controversias verbales, los empujones y los sillazos. Cada obra era entonces un campo de batalla entre la ortodoxia y la heterodoxia, entre los que querían que Edipo se acostara con su madre y los que querían impedirlo a toda costa.
Algunos se entusiasmaron con estos sucesos y declararon que nacía una nueva dramaturgia. Muy pronto se comprendió que ese nuevo teatro no era otra cosa que el teatro de siempre, ya que toda obra es un encontronazo entre seres que tratan de hacer prevalecer sus deseos.
Los Justicieros y los Guardaespaldas se aniquilaron en su propia redundancia. Su declive fue lento: las invasiones del escenario se volvieron esporádicas, el alto precio de las entradas redujo su número y un público mayoritariamente conformista los fue aplacando a fuerza de chistidos.
Hoy, ya domesticadas las muchedumbres burguesas por la vasta acción homogeneizante de la televisión, nadie se indigna ante las bajezas artísticas. Los Reventadores, Los Justicieros y aun los Guardaespaldas han desaparecido de los teatros.
De Enrique Argenti no se tenían noticias. Pero la otra noche, a la hora en que estaba a punto de terminar la telenovela más exitosa, mientras los vecinos obedientes de la ciudad aceptaban pasivamente un casamiento imperdonable, se oyó una voz que resonaba desde algún patio:
—¡Hijos de puta! ¡Despierten! El arte es grande y la vida es breve. Apaguen el televisor y salgan a la calle a vivir, a vivir que nos estamos muriendo...


El bar del infierno, Alejandro Dolina.
Si pudiera| si pudiera sacar| si pudiera sacar la| si pudiera sacar la persona| si pudiera sacar la persona que| si pudiera sacar la persona que dentro| si pudiera sacar la persona que dentro mio| si pudiera sacar la persona que dentro mio dice... lo siento, me perdí una vez más.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La casa de las palabras.

A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la naríz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores.
En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino…...

Eduardo Galeano

jueves, 4 de noviembre de 2010

"Toda creación de arte es gestada por su tiempo y, muchas veces, gesta nuestras propias sensaciones. De esta manera, toda etapa de la cultura produce un arte específico que no puede ser repetido." Kandinsky


"Los espejos se emplean para verse la cara, el arte, para verse el alma." Shaw, George Bernard


"El arte es una mentira que nos acerca a la verdad." Picasso


"Educar las manos, templar el corazón, aclarar el pensamiento." Anónimo


Como hablan esas paredes.

*

Rebelión en mi mente,
lupas, brújulas y un gran equipaje llevo conmigo.
Unas cuantas armas por si acaso.
Sendero de rosas para el jardinero, sendero de sintonías para los oyentes.

Raymond Dufayel: Verá…mi pequeña Amelie, usted no tiene los huesos de cristal.
Podrá soportar los golpes de la vida. Si usted deja pasar ésta oportunidad, con el tiempo...su corazón se irá volviendo seco y frágil, como mi esqueleto.
¿Qué espera? Ande, vaya por él.